El viernes me sucedió algo un poco extraño.
Estaba sentado frente a mi compu haciendo un trabajo de la U cuando de pronto entró una llamada y fue de la siguiente manera:
Lo que yo dije está en verde y lo de la señora en rojo.
- Aló.
- ¡¡¡Duga duga!!!
- ¿Perdón?
- ¡¡¡Duga duga!!!
En ese momento le pongo mute al teléfono y me quedo escuchando un poco para ver si me estaba pelando el trasero o me estaba vacilando o qué.
- Creo que no sabe quien soy... ¿Aló? ¿Hay alguien ahí?
- Señora, ¿con quién quiere hablar?
- ¿No sabe quién le habla?
- La verdad no.
- ¿Cómo no va a reconocer esta voz tan preciosa, mijito?
- Pues, la verdad, no me parece nada familiar.
En este momento me estaba sintiendo demasiado incómodo de no poder reconocer a esa persona que con mucho entusiasmo (y una leve duda) rogaba por que yo le reconociera su "preciosa" voz.
- ¿Cómo está todo por ahí?
- Muy bien, todos con salud.
- ¡Qué dicha!
- Sí...
Ahora sí estaba picado. Necesitaba saber quién rayos estaba al otro lado de la línea.
- ¿De verdad no sabe quién le habla?
- No señora, y supongo que usted tampoco sabe quién le habla, ¿cierto?
- Pues no, tampoco sé con quien estoy hablando. Ya somos dos personas que no sabemos con quién estamos hablando jajaja (risa de malvada).
- Sí, ¿verdad?
En forma de balbuceo me dijo:
- ¿Beto?
- ¿Perdón?
- ¿Albertico? (Una pregunta cargadísima de duda)
- No señora, aquí no vive ningún Albertico.
- Uy, me equivoqué.
Y ahí colgó, antes de que yo pudiera decir algo.
Luego solté una carcajada de angustia/alivio de saber que no era alguien conocida, seguido de un WTF!? (tercer significado).